jueves, marzo 16, 2006
ahora si que si
Uno todos los principios de año dice que este año va a ser distinto, que va a dejar de hacer algunas cosas, empezar a hacer otras, atreverse a hacer las que no se atrevía, etc, etc. Pero en el caso de MI año 2006 yo sé que va a ser distinto, LO SÉ! No sé cómo lo sé, pero lo sé. Y no es que vaya a teñirme rubia o comprarme una moto, simplemente estoy decidida a mirar y ver las cosas con otra parada frente a la vida. Siento que todos tenemos la oportunidad de ser felices en nuestras propias manos, sólo hay que caer realmente en la cuenta de eso y empezar a hacer las cosas que nos hacen felices, y dejar de hacer las que nos hacen infelices. Siempre hablamos de este tipo de cosas con la Daniela, y yo creo que ya está medio cansada de escucharme decir que ahora quiero empezar a ser como quiero ser, como siempre me he imaginado, y que por tonteras no me he atrevido. Pero ahora si! Ahora me va a ir de perlas en la u, voy a aprender a manejar (porque si no se me va a pasar la vieja), voy a ver menos tele y a leer más, voy a dibujar, pintar, escribir, andar en bici... cosas muy simples, pero que me hacen feliz... eso... aer no más si empiezo bien con la primera cosa de la lista.
jueves, marzo 02, 2006
es más fuerte
El domingo se cumplió un año de la partida de la Nina, mi abuelita. Pero no voy a escribir sobra la muerte , ni el más allá, ni bla bla bla. Quiero hablar del amor.
La semana anterior estuvo llena de golpecitos de angustia en mi guata cada vez que recordaba que ya se cumplía un año. Es la cagá como se me olvidan miles de fechas, como citas al doctor, pruebas importantes, cumpleaños, pero esta fecha la recordé sola, como un mes antes, sin nada especial que me lo indicara. Es así porque la muerte de la Nina me remeció completamente el piso, me pegó la más fuerte de las cachetadas, se metió bien hondo en mi consciente y mi inconciente, tanto así que al principio no había semana en que no soñara con ella, con que estaba de vuelta, o con que nunca se había ido. Y en esos sueños era feliz, feliz porque Dios (si les acomoda a algunos cambien el "Dios" por "la vida") me había dado una segunda oportunidad de amar a la Nina. Es complicado, pensé que sería más fácil escribir sobre esto, pero no sé realmente cómo explicarles todo. La cosa es que me he dado cuenta de que hay una diferencia entre "sentir amor" y "amar". Aquí lo importante es el amar. Claramente no hay amar sin sentir amor. A ver, me explico. La Nina se fue en una situación bastante triste. Estaba sola en un hogar de ancianos, el cual no le gustó desde que llegó, lo sé por su mirada. Alcanzó a estar ahí un par de semanas, y dicen las "enfermeras" que murió dando un profundo suspiro aquel día en la mañana. De pura coincidencia sus últimos tres días lo pasó sin visitas de nosotros, su familia. La Nina, que vivía por nosotros, murió sola en un lugar que no era suyo, con gente que no era suya. Yo tengo claro que murió de pena, que decidió partir al lado de su "tatita Dios" antes de quedarse en ese lugar tan decadente. Y eso es lo que me removió el piso. Yo siempre me he jactado de ser una persona sensible, comprensiva, de gran perspectiva, etc, etc. Bullshit! mi amada abuela murió sola, yo no la acompañé lo suficiente, yo no la fui a ver ese día, que estuve a punto, pero creo que recuerdo que me dio lata. Me dio lata! Yo se que ya ha pasado todo un año, y que van a seguir pasando, pero esto no se quita. Está en mi corazón para siempre, recordándome que debo atreverme a "amar", es decir, a acompañar a los que amo, algo que se reduce a cosas tan simples como ir a ver más seguido, llamar por teléfono, escuchar, acariciar, etc. Al menos eso era lo que le faltó a la Nina, eso fue lo que yo no supe darle. Me di cuenta sólo después de que no estaba. Al menos no dejé pasar su partida como un hecho que me daba pena y nada más. Me di cuenta de que su partida era tan desgarradora porque se trataba de una persona a la que yo amaba, y que ya no estaba más, y que más encima no supe amar como se merecía.
La semana anterior estuvo llena de golpecitos de angustia en mi guata cada vez que recordaba que ya se cumplía un año. Es la cagá como se me olvidan miles de fechas, como citas al doctor, pruebas importantes, cumpleaños, pero esta fecha la recordé sola, como un mes antes, sin nada especial que me lo indicara. Es así porque la muerte de la Nina me remeció completamente el piso, me pegó la más fuerte de las cachetadas, se metió bien hondo en mi consciente y mi inconciente, tanto así que al principio no había semana en que no soñara con ella, con que estaba de vuelta, o con que nunca se había ido. Y en esos sueños era feliz, feliz porque Dios (si les acomoda a algunos cambien el "Dios" por "la vida") me había dado una segunda oportunidad de amar a la Nina. Es complicado, pensé que sería más fácil escribir sobre esto, pero no sé realmente cómo explicarles todo. La cosa es que me he dado cuenta de que hay una diferencia entre "sentir amor" y "amar". Aquí lo importante es el amar. Claramente no hay amar sin sentir amor. A ver, me explico. La Nina se fue en una situación bastante triste. Estaba sola en un hogar de ancianos, el cual no le gustó desde que llegó, lo sé por su mirada. Alcanzó a estar ahí un par de semanas, y dicen las "enfermeras" que murió dando un profundo suspiro aquel día en la mañana. De pura coincidencia sus últimos tres días lo pasó sin visitas de nosotros, su familia. La Nina, que vivía por nosotros, murió sola en un lugar que no era suyo, con gente que no era suya. Yo tengo claro que murió de pena, que decidió partir al lado de su "tatita Dios" antes de quedarse en ese lugar tan decadente. Y eso es lo que me removió el piso. Yo siempre me he jactado de ser una persona sensible, comprensiva, de gran perspectiva, etc, etc. Bullshit! mi amada abuela murió sola, yo no la acompañé lo suficiente, yo no la fui a ver ese día, que estuve a punto, pero creo que recuerdo que me dio lata. Me dio lata! Yo se que ya ha pasado todo un año, y que van a seguir pasando, pero esto no se quita. Está en mi corazón para siempre, recordándome que debo atreverme a "amar", es decir, a acompañar a los que amo, algo que se reduce a cosas tan simples como ir a ver más seguido, llamar por teléfono, escuchar, acariciar, etc. Al menos eso era lo que le faltó a la Nina, eso fue lo que yo no supe darle. Me di cuenta sólo después de que no estaba. Al menos no dejé pasar su partida como un hecho que me daba pena y nada más. Me di cuenta de que su partida era tan desgarradora porque se trataba de una persona a la que yo amaba, y que ya no estaba más, y que más encima no supe amar como se merecía.
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