viernes, julio 24, 2009

Gracias Sigmund

No creo que se deba solo a la psicoterapia a la q asisto hace casi ya dos años, pero hoy, y todo este semestre practicamente, me he sorprendido de mi cambio de actitud.
A partir de los super-superficiales quiz y test de facebook me di cuenta de q hasta pienso de otra forma. Leo la pregunta, leo las opciones de respuestas y siempre me pasa que pienso "Ah, habría optado por esta hace un año, pero hoy no..."
Lo mejor de todo es olvidar la fobia social. En realidad nunca olvido que pasé por eso, pero es muy reconfortante darme cuenta en los carretes o en cualquier reunión social que me gusata estar con gente nueva, q me gusta conocer, que no tengo miedo de tener o escuchar opiniones distintas, que no tengo miedo de compartir mi vida y de que la mayoría de las veces me interesan genuinamente la vida de los otros.
Hoy terminé oficialmente el 1er semestre de la última carrera universitaria que pretendo estudiar. Entregué el último trabajo - "Muy buenos tus bocetos... Un siete" - "... En serio, profe???..."
Cada vez que tengo un logro miro hacia atrás y recuerdo con un poco de pena a mi yo del año pasado, la que alguna vez pensó que nunca iba a salir a adelante, que no era capaz de aprender nada, que tenía tanto miedo al mundo...
Hoy ese miedo es un motor, se transforma en una sana curiosidad...

jueves, junio 11, 2009

si tuviera la oportunidad y fuera lo suficientemente valiente...

... te diría que le has cagado la vida a quien dices amar. lo haces día a día. te diría que t dices cristiano, pero de compasión no sabes nada. Que amar no es amarrar. Que dejes de mentirte a ti mismo, que abras lo ojos y te atrevas a enfrentar la realidad. Que lo dejes en paz, por favor déjalo en paz.
nunca sentí esto por alguien antes, te das cuenta? no es algo para estar orgulloso creo yo.
tu sonrisa es tan falsa por que tu la has construido así. es tu culpa. hasta donde va a llegar tu mentira? qué estás esperando que pase?
te miro y quisiera no haberte visto nunca.
te miro y te odio

martes, octubre 21, 2008

how did it ended like this

Pensé que mi vida necesitaba un poco de drama para ser más emocionante... pero no tanto porfa!
Paso el día con dolores de guata, paso de reirme a poner cara de culo en 2 segundos. Me tirita un ojo. Se me enfrían las manos. No quería tanto drama. Podría ser más fácil, pero en verdad no podría, yo tendría que ser otra persona.
Aviso de utilidad pública: Si Ud. es depresivo aléjese del drama!
Mirando las luces de Santiago el otro día nos preguntábamos cuántos wns allá afuera vivían sus vidas como si nada. Cuántos engañan y no les da ni un mínimo de cargo de conciencia.
Esos que en Matrix se tomarían la pastillita azul. Ya te lo dije, nos tomamos la roja! cagamos...
Cómo será drogarse? Me dan tantas ganas d fumar algo extraño a ver si dejo de pensar un rato.
Si por lo menos de tanto pensar encontrara la solución... mmm pero la verdad es que yo sé cuál es, pero no quiero aceptarla...
Entenderé todo esto cuando lo vuelva a leer en unos meses?
Ojalá que si y me ría, porque espero que en unos meses ya no ande tan angustiá y con un ojo tiritón.

domingo, abril 13, 2008

ya lo dijo alanis...

isn't it ironic...

- En una semana visitar dos veces dos cementerios, por los cumpleaños de dos que partieron en los últimos dos años, uno de 21, el otro de más de 80.

- Esperar que la psicóloga te de alguna solución, y escucharla decir que te quedan dos años de psicoterapia.

- Salir temprano de un día de mierda en el trabajo, pensar que se compensará llendo a una tocata de blues, pagar la entrada y llegar a escuchar el coro de la última canción.

- Cachar que llegó la película que quería ver hace tiempo, escuchar en todas partes que es muy buena, organizarme pa ir a verla, con entradas gratis! y... sin querer, leer el final en una revista de mierda!

...don't you think?

miércoles, marzo 12, 2008

eres feliz y no lo sabes

Cristián Warnken
Jueves 06 de Marzo de 2008

A ti

A ti que lees estas líneas, que estás bajando por una de las tantas autopistas de la ciudad en esta mañana de marzo o, tal vez, estás en un vagón del Metro -con la mirada extraviada, como todos los que viajan a esta hora-, o paladeas el primer café y recorres distraído las páginas de este diario, buscando algo que no sabes qué es. A ti, que llevas a tus hijos al colegio y que acabas de no escuchar una pregunta que te hizo tu hija más pequeña, porque estabas pensando en otra cosa. A ti, que acabas de salir de la ducha y te ves un instante en el espejo. A ti, que pasas rápido a mi lado y casi me empujas y no me ves. A ti, que -con apenas 18 años- te levantas con el tedio pegado en el alma y te enchufas al computador para no abrir la ventana de tu pieza que da al jardín. A ti, que miras a tu marido todavía dormir a tu lado, y ves su nuca y su piel gastada, y sientes en el centro de tu pecho un hueco, la sensación de un cansancio del que quisieras huir a miles de kilómetros de ahí. A ti, que estás comprando el pan sin emocionarte con su olor y su temperatura. A ti, que entraste al cajero automático y descubriste que el saldo de tu cuenta era negativo, y sientes miedo, rabia, angustia. A ti, que acabas de dejar a tu niño en la sala cuna y te fuiste sin cantarle esa canción "que a él tanto le gusta". A ti, que acabas de entrar en la oficina y te dispones a iniciar un día igual a todos los días, trabajando sin amor por lo que haces, como pieza de un engranaje que te devora.

A ti quiero agarrarte de la solapa, del brazo -con respeto, pero con fuerza-, a ti quiero detenerte en tu carrera loca y decirte lo que tal vez nadie te ha dicho nunca, porque no se enseña en los colegios ni aparece en los diarios. Yo no soy nadie para quitarte cinco minutos de tu atiborrada y desesperada agenda, soy uno más entre los millones que bajan esta mañana a comenzar un día más en la ciudad. Entonces, ¿por qué habrías de desconectarte de tu "iPod" o apagar tu celular para escucharme? Pensarás acaso que soy un predicador más, un vendedor de seguros, o alguien que quiere robarte a plena luz del día. Sé que me mirarás con recelo, con molestia, con desconfianza.

A ti, que me oyes pendiente de tu reloj, quiero decirte, antes de que desaparezcas devorado por la multitud: "El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz. ¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno".

¿Y eso era todo? -me dirás-. Sí, y te digo: todo lo demás, fuera de eso, es nada.

Si te he agarrado de la solapa y te he abordado a esta hora de la mañana de este jueves que escribo es para decirte que eres feliz y no lo sabes. Y que eso que te dije lo dijo una vez un hombre como tú, que se llamó Dostoyevski. Y yo, ¿quién soy para hablarte así, para entrar en tu privacidad y leerte la cita de un ruso que no conoces? Yo soy el muerto. Yo estoy muerto, tú estás vivo.

¿Muerto tú? -me dirás-. ¡Pero si puedo tocarte y verte y oírte!

Sí, pero estoy muerto. Yo me levantaba en las mañanas como tú, prendía la radio como tú, paladeaba un café como tú, miraba distraído las primeras nubes en el cielo, y llevaba a mi hijo al jardín, y no sabía que era feliz, que estaba vivo. No lo sabía, como tú no lo sabes, como no lo saben tantos que no pisan con placer las primeras hojas del otoño, que no se detienen a ver los primeros rayos de luz colarse por la ventana para entibiar la piel del o la que duerme todavía a tu lado.

Pero esto, en realidad, no me lo enseñó Dostoyevksi, sino mi pequeño hijo Clemente, un niño como millones de niños que en este momento son llevados al colegio, un niño que me hizo una pregunta que no escuché una mañana de un jueves como hoy. ¡Eres feliz y no lo sabes! Eso es lo que enseñan los niños que mueren, eso lo aprendemos de un golpe los que morimos con ellos, eso es lo que los vivos como tú no pueden escuchar.

viernes, febrero 08, 2008

telefonofobia

Me carga hablar por teléfono. Me carga "devolver llamados", llamar para saber "qué hay hecho" o para ponerse al día. Esas cosas se hacen en persona! A lo más acepto usar el aparatito para confirmar un horario, pero eso de "llámame de vez en cuando" en verdad me da fobia. Yo se lo digo directamente a mis amigos: "Me carga hablar por teléfono, así que mejor juntémonos en persona. No me pidas que te llame porque no lo voy a hacer". Por eso amo los mensajes de texto, tan introvertidos y poco elocuentes como yo: "Juntmnos mañna a las 12 en tal metro?" Respuesta: "Dale". Y listo. Nada de "como estai, qué hay hecho, como hai estao, qué contai".
Apenas suena el teléfono de la casa me baja toda la lata. Lo bueno es que la mayoría de las veces que llaman a mi casa son cadenas con la voz de algún famoso mal pagao (hoy me llamó raquel argandoña) invitándome a participar de no sé qué cosa, así que es llegar y cortar. Pero cuando llama alguien con el que no hablo hace tiempo, o alguna amiga de mi mamá que se acuerda de mí pero yo no de ella, y se sorprende de lo parecida que es mi voz a la de mi mamá, y que me conocieron cuando yo era chiquitita, y bla bla bla... ay que lata. En serio yo me habría quedado con el telégrafo.

martes, diciembre 18, 2007

el más seco de todos


Hoy mi papá cumple 55 años, y para mí sigue siendo el mismo de siempre, sólo que con el pelo un poco blanco y los lentes para leer. Desde que puedo recordar mi papá ha tenido una voz fuerte e imponente, pero que a veces puede ser la más dulce. Cada uno de sus abrazos y sus besos los atesoro, porque como él mismo reconoce "los Montaldo no somos de tacto". Y tampoco somos mucho de palabra, por eso es que los "te amo" han sido pocos y muy especiales. Estos últimos años que para mí han sido más malos que buenos, él me ha acompañado siempre. No he podido verlo y abrazarlo tanto como quisiera, pero cada vez que tengo la oportunidad siento que todo va a estar bien, que puedo seguir soñando, que él me traspasa su esperanza y su espíritu de niño para que yo pueda ser una soñadora. Mi papá es quien me ha inculcado mi fe, y quien la levanta cuando me nota distante. Mi padre es quien me recuerda que en la vida hay que buscar la felicidad y que eso requiere de esfuerzo y voluntad. Mi padre es mi ejemplo de amor.
Él es el que se ríe más fuerte en las reuniones familiares, y eso es mucho decir. Él es al que sus alumnos llaman "Dios Montaldo". Él es el que en plena dictadura prendía una velita afuera de la casa los 11 de septiembre. Es quien se sabe todas las canciones de los Beatles y sube la radio a todo volumen cuando encuentra una. El que se disfrazaba de viejito pascuero en las navidades del San Ignacio; el que no me dejaba ver tele cuando chica porque le quitaba espacio a mi imaginación: el que me enseñó a dibujar y a andar el bicicleta; el que me leía poemas de García Lorca para dormir, el que me llevaba al cine a ver películas de Kurosawa o Schwazeneger; el que repite una y otra vez sus historias de infancia en Sewell que cada vez son más graciosas. Él es el más seco de todos.