martes, octubre 21, 2008
how did it ended like this
Paso el día con dolores de guata, paso de reirme a poner cara de culo en 2 segundos. Me tirita un ojo. Se me enfrían las manos. No quería tanto drama. Podría ser más fácil, pero en verdad no podría, yo tendría que ser otra persona.
Aviso de utilidad pública: Si Ud. es depresivo aléjese del drama!
Mirando las luces de Santiago el otro día nos preguntábamos cuántos wns allá afuera vivían sus vidas como si nada. Cuántos engañan y no les da ni un mínimo de cargo de conciencia.
Esos que en Matrix se tomarían la pastillita azul. Ya te lo dije, nos tomamos la roja! cagamos...
Cómo será drogarse? Me dan tantas ganas d fumar algo extraño a ver si dejo de pensar un rato.
Si por lo menos de tanto pensar encontrara la solución... mmm pero la verdad es que yo sé cuál es, pero no quiero aceptarla...
Entenderé todo esto cuando lo vuelva a leer en unos meses?
Ojalá que si y me ría, porque espero que en unos meses ya no ande tan angustiá y con un ojo tiritón.
domingo, abril 13, 2008
ya lo dijo alanis...
- En una semana visitar dos veces dos cementerios, por los cumpleaños de dos que partieron en los últimos dos años, uno de 21, el otro de más de 80.
- Esperar que la psicóloga te de alguna solución, y escucharla decir que te quedan dos años de psicoterapia.
- Salir temprano de un día de mierda en el trabajo, pensar que se compensará llendo a una tocata de blues, pagar la entrada y llegar a escuchar el coro de la última canción.
- Cachar que llegó la película que quería ver hace tiempo, escuchar en todas partes que es muy buena, organizarme pa ir a verla, con entradas gratis! y... sin querer, leer el final en una revista de mierda!
...don't you think?
miércoles, marzo 12, 2008
eres feliz y no lo sabes
Cristián Warnken
Jueves 06 de Marzo de 2008
A ti
A ti que lees estas líneas, que estás bajando por una de las tantas autopistas de la ciudad en esta mañana de marzo o, tal vez, estás en un vagón del Metro -con la mirada extraviada, como todos los que viajan a esta hora-, o paladeas el primer café y recorres distraído las páginas de este diario, buscando algo que no sabes qué es. A ti, que llevas a tus hijos al colegio y que acabas de no escuchar una pregunta que te hizo tu hija más pequeña, porque estabas pensando en otra cosa. A ti, que acabas de salir de la ducha y te ves un instante en el espejo. A ti, que pasas rápido a mi lado y casi me empujas y no me ves. A ti, que -con apenas 18 años- te levantas con el tedio pegado en el alma y te enchufas al computador para no abrir la ventana de tu pieza que da al jardín. A ti, que miras a tu marido todavía dormir a tu lado, y ves su nuca y su piel gastada, y sientes en el centro de tu pecho un hueco, la sensación de un cansancio del que quisieras huir a miles de kilómetros de ahí. A ti, que estás comprando el pan sin emocionarte con su olor y su temperatura. A ti, que entraste al cajero automático y descubriste que el saldo de tu cuenta era negativo, y sientes miedo, rabia, angustia. A ti, que acabas de dejar a tu niño en la sala cuna y te fuiste sin cantarle esa canción "que a él tanto le gusta". A ti, que acabas de entrar en la oficina y te dispones a iniciar un día igual a todos los días, trabajando sin amor por lo que haces, como pieza de un engranaje que te devora.
A ti quiero agarrarte de la solapa, del brazo -con respeto, pero con fuerza-, a ti quiero detenerte en tu carrera loca y decirte lo que tal vez nadie te ha dicho nunca, porque no se enseña en los colegios ni aparece en los diarios. Yo no soy nadie para quitarte cinco minutos de tu atiborrada y desesperada agenda, soy uno más entre los millones que bajan esta mañana a comenzar un día más en la ciudad. Entonces, ¿por qué habrías de desconectarte de tu "iPod" o apagar tu celular para escucharme? Pensarás acaso que soy un predicador más, un vendedor de seguros, o alguien que quiere robarte a plena luz del día. Sé que me mirarás con recelo, con molestia, con desconfianza.
A ti, que me oyes pendiente de tu reloj, quiero decirte, antes de que desaparezcas devorado por la multitud: "El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz. ¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno".
¿Y eso era todo? -me dirás-. Sí, y te digo: todo lo demás, fuera de eso, es nada.
Si te he agarrado de la solapa y te he abordado a esta hora de la mañana de este jueves que escribo es para decirte que eres feliz y no lo sabes. Y que eso que te dije lo dijo una vez un hombre como tú, que se llamó Dostoyevski. Y yo, ¿quién soy para hablarte así, para entrar en tu privacidad y leerte la cita de un ruso que no conoces? Yo soy el muerto. Yo estoy muerto, tú estás vivo.
¿Muerto tú? -me dirás-. ¡Pero si puedo tocarte y verte y oírte!
Sí, pero estoy muerto. Yo me levantaba en las mañanas como tú, prendía la radio como tú, paladeaba un café como tú, miraba distraído las primeras nubes en el cielo, y llevaba a mi hijo al jardín, y no sabía que era feliz, que estaba vivo. No lo sabía, como tú no lo sabes, como no lo saben tantos que no pisan con placer las primeras hojas del otoño, que no se detienen a ver los primeros rayos de luz colarse por la ventana para entibiar la piel del o la que duerme todavía a tu lado.
Pero esto, en realidad, no me lo enseñó Dostoyevksi, sino mi pequeño hijo Clemente, un niño como millones de niños que en este momento son llevados al colegio, un niño que me hizo una pregunta que no escuché una mañana de un jueves como hoy. ¡Eres feliz y no lo sabes! Eso es lo que enseñan los niños que mueren, eso lo aprendemos de un golpe los que morimos con ellos, eso es lo que los vivos como tú no pueden escuchar.
viernes, febrero 08, 2008
telefonofobia
Apenas suena el teléfono de la casa me baja toda la lata. Lo bueno es que la mayoría de las veces que llaman a mi casa son cadenas con la voz de algún famoso mal pagao (hoy me llamó raquel argandoña) invitándome a participar de no sé qué cosa, así que es llegar y cortar. Pero cuando llama alguien con el que no hablo hace tiempo, o alguna amiga de mi mamá que se acuerda de mí pero yo no de ella, y se sorprende de lo parecida que es mi voz a la de mi mamá, y que me conocieron cuando yo era chiquitita, y bla bla bla... ay que lata. En serio yo me habría quedado con el telégrafo.